Confesiones con Susana: El reto de las palabras

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Querida amiga Susana,

Hoy me pongo en contacto contigo para compartir el último reto que me planteé como madre en temas de comunicación con los hijos.

Ya sabes cómo me gusta medir, calcular y contabilizar en general, así que el 1 de enero del pasado año me decidí firmemente en el propósito de ser más consciente de las palabras que emitía y sobre todo de cúantas emitía.

¿Te has fijado en algún momento cuantas palabras innecesarias repetimos como madres?

He calculado a groso modo las expresiones más significativas que una madre suele decir en casa frente a los eventos cotidianos más sencillos.

Y ha sido muy revelador y para mí casi aterrador ver en cifras la cantidad de palabras.

No son unos cuantos numeritos. No!!!!! son macro números. No, no!! son METANÚMEROS!!!!!!!!!!!!

Por ejemplo:

Lavate los dientes. Que son 3 palabras, por la cantidad de hijos que tengo y la de veces que se lo digo todos los días, arrojaría al año la friolera de 59.130 palabras.

Vete a la cama. 4 palabras. Sumaría 29.200 palabras.

Vistete. 32.850 palabras.

Ponte el pijama. Sería unas 10.950 palabras.

A la luz de los hechos, decidí plantearme el reto de ponerme un cupo de palabras al año. Porque tanta repetición ni me estaba sentando bien ni estaba consiguiendo buenos resultados en la modificación de las conductas. Así que estaba perpetuándome en un círculo vicioso del que no sabía cómo salir.

Sería un reto así como ummmmm tienes un cupo de X palabras al año y cuando las gastes, pues te vuelves una madre muda. Así es como me planteé este reto.

Cada día tenía que estar muy consciente de qué decía y cuantas veces para no malgastar palabras. Porque en realidad, ¿quién quiere ser una madre que repite las cosas una y otra vez, entran por un oído y salen por el otro?

El primer impacto del reto en mi misma fue revelador. Sentí una gran liberación y una creciente paz interna. Estaba empezando a salir del círculo vicioso. Y solamente llevando el registro de palabras emitidas por día, me animó mucho a seguir.

Lo segundo muy curioso fue el impacto en mi población familiar. Se miraban entre ellos y los oía decir: ¿qué le pasa a Mamá que no repite 8.000 veces las cosas? ¿estará enferma? ¿habrá dejado de interesarse por nosotros? Nada más lejos de la realidad.

Pero sí tengo que decirte que haciendo ahora la valoración del pasado año, ni he tenido que llevarlos más veces al dentista, ni nadie ha dormido en casa con uniforme, ni tampoco ninguno se ha ido al colegio con pijama.

Por lo tanto, se ratifica mi idea de que usamos como madres demasiadas palabras innecesarias. Y de esta manera dejamos poco espacio y oportunidad para que los hijos vivan las consecuencias de sus actos por ellos mismos y aprendan.

Espero que mi reto te haya gustado y que pueda ayudarte. Te mando un beso muy fuerte.

Imagen cedida por Couleur en Pixabay

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